VACACIONES EN HOKKAIDO: en extremo norte de Hokkaido entre cortinas de agua. 24 de agosto.

Amanece lloviendo y ventoso. Cualquiera se levanta del futon. Nos ponemos las sandalias mas abiertas que tenemos para que el agua entre por un lado y salga por otro. A destroza un paraguas que le prestaron en el hotel al ir a buscar el desayuno. Afuera, parece que los bravíos excursionistas que están preparando el recorrido norte-sur en bici o moto, con fiestorra de salida incluida, han tenido que reubicar sus tiendas al abrigo del rompiente de hormigón, una obra arquitectónica como de principios del siglo XX, con forma de marquesina de autobús prolongada, con espacio suficiente para albergar unos cuantos chiringuitos que van desmontando de la explanada de enfrente, y un improvisado escenario de musica, mientras los campistas improvisados van recogiendo. En el pueblo los bomberos parece que vanapurados intentando solventar los fallos de los sistemas de drenaje que impiden la buena circulación. El mar esta embravecido y las gaviotas no se atreven a despegar. Con este tiempo es imposible hacer nada al exterior. Intentamos ir a un acuario y acabamos en un gimnasio. Al segundo intento lo conseguimos. Unos recintos al exterior tienen focas y pingüinos aburridos porque hoy nadie se asoma a verlos. Y dentro unas pocas peceras en un estado bastante pobre albergan unos pocos peces, cangrejos y hasta alguna raya. En el edificio de al lado visitamos algo así como una exposición de las expediciones japonesas a la Antartida, el las que al parecer fueron fundamentales una pareja de perros a los que les dedicaban muchas fotos, incluso una con lo que imagino que serian su camada: tres bolas de pelo negras con sus corespondientes ojillos mirando a la cámara.
Tomamos rumbo al extremo mas septentrional (Soya-misaki) donde una estatua al borde del mar saluda a un horizonte que no vemos, porque estamos rodeados de cortinas de agua que tenemos que atravesar para correr al bar mas cercano a comer.
No vislumbrando mas posibilidades, partimos hacia el SE, a Mombetsu. Por el camino, por momentos, parece que arrecia la lluvia. Llegamos al hotel y sigue lloviendo, así que nos damos una cena-homenaje, y A y yo vamos a deleitarnos en la sauna y baño del hotel, que tiene incluso una bañera caliente a la intemperie.