VACACIONES EN HOKKAIDO : PN de Shirekoto, paraíso de osos. 27 de agosto.

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Todavía amaneció el día bien nublado, como que nos mojamos bastante los pies visitando los lagos Shiretoko-go- ko, que ofrecen vistas muy bucólicas, con sus nenúfares y zampullines. Aun así hay demasiada gente para pasear a gusto, y la pasarela elevada con acceso electrificado que supone el recorrido corto y menos interesante parece una medida exagerada. Antes de entrar a los lagos nos dan una charla de como comportarnos ante los osos, que parece que habitan con holgura en este PN, aunque con tanta gente ya seria un milagro ver alguno. De ahí nos vamos a encontrar el final de la carretera, que en realidad se convierte en pista, y parece que !por fin! El sol asoma. Légamos hasta donde la pista esta cortada con una verja, justo donde unas aguas termales se deslizan por unas rocas a modo de tobogán, por donde se mete la gente a chapotear y A también quiere, y tenemos que disuadirlo de entrada. Comemos el bocata y con el solecito nos atrevemos a aventurarnos caminando para continuar el recorrido de la pista a pie. Con bastante prevención, la verdad, sabiendo que la zona es osera. Y mas cuando, a los pocos metros de empezar a caminar, se nos acaba la valla que separa el talud de la montaña, a buen seguro diseñada para evitar el paso de animales. Por el camino de ida vemos saltamontes voladores, libélulas gigantes, algunas mariposas, algún ciervo de los de aquí, incluso uno bien astado aunque la mayoría son hembras con o sin crías ya creciditas, y algún pájaro, pocos. El pito cabecigris que vemos es demasiado rapido para dejarse fotografiar. Tambien un zorro flaco que esta pegando saltos por el camino cazando saltamontes y mariposas, y que esta demasiado hambriento para alterar su actividad a nuestro paso. Como mucho nos lanza una mirada desconfiada, y avanza a medida que lo hacemos nosotros para que no lo alcancemos. Hasta llegar a una parte mas ancha donde otro zorro otea subido a una roca y observa burlonamemte a su atareado congenere. Hasta que nos ve, y este si, se alarma y se esconde aunque enseguida vemos su cabeza emergiendo de las matas de hierba, vigilandonos, y luego desde otra roca, hasta que se retira atemorizado cuando amago con acercarme. A nuestra izquierda, al fondo del barranco esta un mar azul y tranquilo que se adivina inmenso. Ningun ser humano ni coche en nuestro recorrido, pero muchos signos de que la pista se mantiene cuidadosamente, y por tanto de que debe usarse: señales, el talud elevado del margen derecho protegido con mayas metalicas para que los argayos no derremen sobre el camino, el talud descendente del lado izquierdo bordeado por tramos por rocas, seguramente apartadas de la pista, rejillas de desague, y un hermoso puente de hierro bien pintado que salva la cuenca de una arroyo de montaña bien profunda…Hacia las 3 menos cuarto A empieza a protestar, primero que quiere volver y luego que quiere beber, y resulta que como no esperabamos alargar la caminata tampoco llevamos agua. Finalmente cedemos, y damos la vuelta, ya mas tranquilos por no haber tropezado con ninguna alimaña, especialmente cuando también nos rebasa, en dirección a la salida dos camionetas y una furgoneta. Con esta tranquilidad, justo antes de la llegada al recodo para entrar al puente, oigo un ruido sobre el talud, apenas a unos 5 m sobre nosotros y veo una bola de pelo marrón que se vira en dirección al monte. Nos aprestamos a doblar el recodo y vemos a una osa que corre hacia dos oseznos que estan en la ladera boscosa que forma la vertiente del río. Nos detenemos brevemente viendo su huida pero, una vez alcanzadas las crías, resulta que la osa se para también, y nos escudriña a escasos metros, como calibrando nuestro grado de peligrosidad, ante lo cual J depone su actitud de intentar hacer una foto y apretamos el paso para salir de su campo visual y atravesar el puente rojo, yo apremiando a Anton para que no grite ni corra ni me suelte la mano. Llegados a mitad del puente A me pregunta si ya puede gritar, y cuando llegamos al extremo nos atrevemos a volver la vista y contemplamos que, efectivamente, la osa se paseaba por el camino que acabábamos de dejar antes del puente evaluando la presencia de intrusos y, considerandonos ya a salvo, ahora sí, alza Jose su cámara y le hace su foto. Ya mismo nos estábamos percatando que acababa de pasarnos una de las cosas mas peligrosas que nos podría haber acontecido en la zona: sorprender a una osa con crías, y que habíamos tenido mucha suerte. Un poco escarmentados continuamos la marcha mas alertas para llegar a la cascada de aguas termales donde Anton se descalzo y subió por ella, al modo que hacían michos japoneses. De vuelta pasamos a ver unos onsen que tenían un hotel cerca, a unos 5 km de nuestro albergue, y al que estaba llegando gente para bañarse, incluso saliendo con kimono del hotel. Dimos alguna vuelta mas con el coche después de cenar a ver si veíamos mas animales, y efectivamente, zorros y venados no faltaron.

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